Muchos de los que acostumbramos a viajar por el
Mediterráneo tenemos la equivocada costumbre de afirmar que
toda esta zona es muy parecida y que con visitar uno o dos
lugares basta para poder hablar con propiedad de ella.
Esta conclusión la he sacado en mi último viaje a Palma de
Mallorca, en el pasado mes de enero, preciso en las fiestas
de San Sebastián, en donde he quedado sorprendido como la
isla no tiene ni un minuto de descanso y que pareciera que
ella misma se esmerara en atenderte y sorprenderte con sus
innumerables sitios para conocer.
Al principio quedé sorprendido cuando llegué a la zona más
cosmopolita de la ciudad llamado "El Paseo del Borne, subí
al autobús de City Sightseeing, en el mismo formato que el
que había visto hacía pocos meses en Nápoles. En ese viaje
pude sentir por el ir y volver de las personas que esta no
se trataba solamente de una Isla para escapar del invierno,
desde el principio se puede palpar la fuerza de su gente,
que es combinada con su atención hacia el turista, por
conclusión propia podría asegurar que su comportamiento se
debe a las ganas de no ser incongruentes a tanta armonía. El
comentario del bus turístico de Palma me fue guiando nos
solo por las calles sino también por sus monumentos.
Ahora me atrevo a decir que el Mediterráneo no siempre es
igual, pero que como Palma de Mallorca ninguna. Razón tienen
algunos en asegurar que esta Isla por su variedad cumple las
características y virtudes de un gran continente.